Cambio de hora

Bueno, pues ya ha llegado el momento, ese rato que llega todos los años un par de veces y que hace que de buenas a primeras cuando antes tenías sueño ahora tienes hambre, y cuando antes tenías hambre ahora vas y tienes sueño. Con esto del cambio de hora se ahorrarán millones de euros, de los que vosotros ni yo veremos un céntimo, pero te deja descolocao por lo menos dos o tres días. El día de antes porque te tiene medio loco pensando en si duermes una hora más o una hora menos, cuando en realidad duermes lo mismo, lo único que el resto del día se hace más corto o más largo, según toque, aparte de pensar que pasaría si no cambias la hora de los relojes que tienes en casa, (que oscilan entre seis o treinta, dependiendo de las casas) si llegarás tarde o temprano al trabajo. Y pensando pensando se te echan encima las dos de la madrugada, y como en esta ocasión haces un viaje en el tiempo sin Delorean ni ná que dura exactamente una hora. Y al día siguiente te levantas, miras el reloj, y pasa lo que tiene que pasar: que no tienes ni puta idea de la hora que es, y lo mismo te da por ir a comprar churros porque crees que son las once y cuando llegas a la churrería resulta que son las doce y cuarto, el churrero ya se ha ido y no se te ocurre otra cosa que ir a la panadería y para matar el capricho churreril te compras cuarto y mitad de saladitos (cuarto y mitad, que medidas más españolas que tenemos, como las fanegas, el celemín o la arroba, que la inventamos mucho antes que existiera “el internes”; vete tú a Londres y pide “a quarter and a half” de fish and chips, verás que risa) y te haces un lunch de esos que toman los modernos. Pero como no eres moderno ni ná, te haces un Cola Cao con los saladitos y te quedas tan agusto. Entonces es cuando te llama alguien por teléfono y te hace las dos preguntas de rigor: 1º ¿A qué hora te has levantao? 2ª (y más importante, por el énfasis que se pone a la hora de expresarla) ¿De la hora nueva o de la antigua? Y hala, otra vez a pensar, mientras miras hacia arriba y entornas un poco los ojos en actitud reflexiva y con la lengua intentas sacar una semilla se sésamo que se te ha quedado entre las muelas…

El tercer día es cuando intentas retomar la rutina, mientras te acuerdas del gilipollas del presentador del telediario, que son su cara de pánfilo va diciendo que el cambio de hora afecta sobre todo a niños y a personas mayores, y tú con tus ojeras y la mirada de dormido mucha cara de niño no tienes…

Y yo me pregunto, sí lo que quieren es ahorrar ¿por qué no adelantar dos horas el reloj en estos tiempos de crisis? ¿Cómo harían en la antigua Roma para adelantar o atrasar los relojes de sol? ¿Movían los edificios donde se encontraban situados los relojes? Ya imagino a los pobres esclavos de turno moviendo dos veces al año el Coliseo… ¿Y qué pasa con los relojes de arena? ¿Cómo se adelantan? ¿Se les da una vuelta entera o no se les da ninguna?

Pero lo peor, lo peor de todo esto es algo que nadie puede solucionar, y el verdadero motivo por el que se hace un cambio de hora: es imposible cambiar la hora del reloj del coche, por mucho ordenador de a bordo que tenga, GPS, USB, Wi-Fi o Supermiriafiori. De este modo las marcas se aseguran que lleves el coche al taller, para que aprovechando el cambio de aceite de turno, le digas al mecánico “y a ver si me puedes poner el reloj en hora”.

Como ya está acabando el tercer día del ciclo de cambio horario, parece que me encuentro un poquito mejor y se me han acabado las ideas, lo voy a dejar aquí, aunque sé que dentro de seis meses volveré a pensar lo mismo, aunque el viaje en el tiempo será al pasado, aunque todavía no se si nos metemos en un agujero de gusano o cómo lo hacemos…

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La Habana invisible

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La Habana amanece oliendo a piel gozada, oliendo a la saliva caliente de una noche desenfrenada de miradas ardientes, pezones erguidos, penes erectos, vaginas lúbricas y acometidas salvajes.

Mientras permanece de pie en la acera, al borde de la calzada, bolso en mano, mirada ausente y pensamientos confusos, el perfume del sexo le roza la boca con la ardorosa caricia de un aire promiscuo, desprendido de la piel atezada de una jinetera de largas piernas que pasa junto a ella. En ese mismo instante un automóvil se detiene con las luces de emergencia. La grata sorpresa se trasluce en una amplia sonrisa al descubrir las manos jóvenes de Ernesto sujetando con suavidad el volante. Y al parecer, por su también afectuosa sonrisa, a él le ocurre lo mismo al reconocerla.

Durante el trayecto el guapo taxista se sincera y le habla de su familia, de su difícil e injusta miseria, y de su firme propósito de escapar algún día de esa cárcel que para él es Cuba. Alma, intuyendo las razones de Ernesto tras esa charla―por otro lado esperada―, le explica que ella no puede ayudarle, y que además tiene marido en España.

Fragmento de la novela Entre Lascivia y Agonía.

¿TE GUSTA LA HABANA?

Si hacemos esta pregunta a los turistas nos sorprenderá escuchar que a algunos les encanta pero que a otros les horroriza. Y es que esta ciudad es así, porque La Habana, de buenas a primeras, te seduce o te produce rechazo, todo depende de quién mire y cómo se mire. Así que para formarte tu propia opinión necesitas ir allí y empaparte del ambiente, aprovechando que Enrique Iglesias ha puesto de moda la ciudad gracias a su single Súbeme la radio.

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¿CÓMO ES LA HABANA?

Para explicároslo os dejo otro fragmento de mi novela, donde Alma y Ángela recorren las calles de la ciudad.

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Pasear por La Habana Vieja les produce la sensación de vivir en otra época. El tiempo parece haberse detenido en ella anclándola en la década de los cincuenta del siglo pasado, pero en lugar de conservar el esplendor de esos años el abandono ha sumido a esa parte de la ciudad en una dolorosa decadencia, como si acabase de sufrir el efecto devastador de una guerra. Se cae a pedazos.

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Sus calles están sucias y llenas de zanjas, las aceras son desiguales y hay muchos edificios sostenidos por andamios para evitar su caída. La mayoría de las viviendas presentan un aspecto ruinoso, con fachadas descoloridas, agujereadas, surcadas por enormes desconchones que parecen piel que se cae a tiras.

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Algunos bloques, roídos por inmensos socavones, parecen a punto de derrumbarse, por eso impacta tanto ver gente asomada a las ventanas y ropa tendida en los balcones. Solo se salvan de esta miseria varios monumentos o edificios de la época colonial bien conservados debido a su carácter turístico o gubernamental.

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El Capitolio, icono arquitectónico por excelencia, es quizá el edificio más imponente. Y por supuesto los hoteles, algunos enclavados en edificios históricos, se mantienen en óptimas condiciones. Los hay incluso que podrían calificarse de un lujo indignante por encontrarse en medio de tanta pobreza. El contraste con las viviendas erigidas alrededor es tan grotesco que da vergüenza alojarse en ellos.

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En cuanto a los automóviles, la mayoría son demasiado antiguos, como los añejos Cadillacs, que circulan llenos de abolladuras y de parches de pintura cientos de veces retocada. Y es que, con libretas de racionamiento y sueldos que en ocasiones no llegan ni a los diez euros mensuales, los cubanos se arreglan como pueden. Muchos habaneros intentan sacar provecho de los turistas, a los que ofrecen todo tipo de servicios, como circuitos turísticos, taxis, o restaurantes. Servicios todos ellos ilegales, al margen de la gestión del estado.

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De modo que, por ejemplo, el viajero corre el riesgo de pactar un precio para un determinado recorrido en coche de caballos y que el conductor a la mitad le deje tirado; que uno de esos supuestos taxistas le pida un adelanto para gasolina para que el precario motor pueda arrancar; que le lleven al corral de una casa particular donde han montado un restaurante que sirve productos del mercado negro, mientras una banda local que pide propina toca sus canciones con el canto del gallo de fondo. La picaresca no tiene límites: hay pintores que te persiguen y te hacen retratos que no has pedido; ni tampoco edad: señoras de setenta años o más se disfrazan con vestidos afrocubanos y turbantes en la cabeza para posar ante las cámaras de los viajeros más inocentes, que deben pagar después su buena disposición a dejarse fotografiar.

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Otra «costumbre» local es la de la venta de puros falsos. Los ofrecen más baratos porque según ellos algún familiar los «saca» de la fábrica donde trabaja, cuando en realidad están elaborados en sus casas con hojas secas de plátano. Pero la práctica diaria más rentable, si sale bien, es la de cambiar a los visitantes incautos los pesos cubanos (CUP), la moneda nacional, por pesos cubanos convertibles (CUC), la moneda utilizada por los extranjeros. Les convencen de que tienen el mismo valor, pero no es así, ya que un peso convertible― equivalente a un dólar―son unos veinticinco pesos cubanos.

Sin embargo, a pesar de la falta de libertad y la escasez de bienes y recursos, tal y como comprueban Alma y Ángela en su recorrido turístico, los cubanos tienen un carácter abierto y alegre digno de admiración. Les gusta disfrutar de la vida al aire libre, del baile, de la fiesta, y por supuesto del sexo.

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¿Y A TI? ¿LA HABANA TE ENCANTA O TE HORRORIZA?

Espero que el post os haya resultado útil a la hora de decantaros, o no, por Cuba, y más en concreto por La Habana, como destino de vuestras próximas vacaciones. Y si decidís ir,  que el respeto y la solidaridad sean vuestras máximas. Yo volvería sin dudarlo. Mientras vosotros lo pensáis yo me voy a subir la radio, que bailar nunca está de más.

El poder del rosa

¡Hola de nuevo!

Ya ha pasado más de un mes desde mi último post. La verdad es que ando un poco liada en estas últimas semanas por motivos personales. Afortunadamente todo se va solucionando, así que espero ir retomando mi actividad por aquí para escribir con mayor asiduidad.

En el post de hoy voy a hablaros del rosa, súper tendencia para esta primavera/verano. Yo aborrecía este color cuando era pequeña porque lo asociaba a niñas cursis y repipis, jajaja, y ahora no me puede gustar más. Me apasiona en cualquiera de sus versiones: rosa pastel, rosa chicle, rosa empolvado, rosa palo, rosa fucsia… Son muchas las tonalidades que nos ofrece este color.

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Gama de rosas

El rosa es un tono muy versátil con el que podemos conseguir looks dulces y románticos u otros más osados y llamativos dependiendo de cómo lo combinemos. El rosa pisa fuerte y no solo se ha puesto de moda en prendas y complementos, ¡hasta nuestro cabello se tiñe de este color!

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Inunda las pasarelas, las alfombras rojas y los escaparates de firmas low cost como Zara, Bershka, Stradivarius, Mango o H&M, y seguro que vosotras ya tenéis alguna prenda o accesorio de color rosa, (“el nuevo negro” lo denominan algunos) un must have para esta temporada.

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Una de las combinaciones que más me llama la atención es la unión del rosa y el rojo. Una mezcla irreverente y que antaño podría resultar arriesgada porque rompía con todas las reglas cromáticas hasta ahora establecidas, pero hoy en día el mix de estos colores se ha convertido en símbolo de sofisticación y elegancia.

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Os dejo mi propuesta de outfit combinando ambos colores. Qué os parece?

Fotos: Sonia Rosado.

Camiseta: Zara.

Falda: Zara.

Biker: Lefties.

Zapatos: Zara.

Bolso: Stradivarius.

Y vosotras…Veis la vida en color rosa?

Me despido con esta bonita versión de La Vie en Rose de mi querido Pablo Alborán. Espero que os haya gustado el post y os animo a dejar vuestros comentarios.

¡Hasta pronto!

 

 

 

Otra Tierra

Pues eso, que los de la NASA han descubierto unos exoplanetas en un sistema solar (TRAPPIST-1 creo que se llama) a treinta y nueve años luz de aquí. Con aquí me refiero a Albuquerque, la Universidad de Masachuches (la de los estudios absurdos que no sirven para nada) o a la costa marrón (Fuenlabrada, Móstoles y Alcorcón).
Treinta y nueve años luz son un paseo. Algunos científicos han calculado que con la tecnología actual, conseguiríamos enviar una nave tripulada que llegaría allí dentro de un millón de años. Una era. Y eso sin que se te estropee la nave y te tengan que enviar las piezas de repuesto desde Alemania. Porque impulsores subatómicos de neutrinos en Aurgi creo que todavía no tienen, aunque todo se andará.
A lo que voy. No es que sea un erudito en la materia ni que me quiera hacer el listo, pero hace algunos años cayó en mis manos un libro más que interesante de divulgación científica. Si a alguien le interesa se llama “Una breve historia de casi todo” de Bill Bryson, y entre otras cosas explica la Teoría de la Relatividad de Einstein, que viene a decir que nada es capaz de ir más rápido que la velocidad de la luz. Es decir, que si hubiese una nave capaz de alcanzar los 300.000 km/hora, dicha nave tardaría treinta y nueve años en llegar al sistema TRAPPIST-1. Es decir, que las imágenes que han servido a los científicos de la NASA para detectar a los planetitas de marras salieron de allí hace algo menos de treinta y nueve años para ser captadas ahora.

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Ahí es cuando se me ha ido la olla del todo y he empezado a desvariar. O sea, que si estamos viendo ahora imágenes de hace treinta y nueve años, imaginad por un momento que existan habitantes en uno de esos planetas recién descubiertos y, por las casualidades del universo, nos descubren a nosotros al mismo tiempo. Pero claro, si Einstein estaba en lo cierto, los habitantes de ese planeta (los llamaré trapistianos en honor a su sistema solar) están viendo imágenes nuestras de hace poco menos de treinta y nueve años, es decir, 1978. Joder, es que hasta para esto los humanos tenemos mala suerte. Seres peludos con pantalones acampanados de pana, que llevan una cosa llamada mariconera bajo el brazo, que se mueven en un medio de transporte llamado Seat 131 y que agitan el cuerpo al son de la música de Fiebre del sábado noche y Grease. Efectivamente, los trapistianos ya están mirando para otro lado, a la espera de volver a mirarnos dentro de algunos años a ver si hemos evolucionado.


Como lo mío es el cine os voy a dejar algunas recomendaciones de este tipo de cosas: tranquilos, no de 1978, aunque Grease tiene su encanto…

  • La primera peli que os recomiendo es Otra Tierra (Another Earth), en la que unos astrofísicos descubren un planeta idéntico a La Tierra que se acerca peligrosamente hacia nosotros. Es para muy frikis, advertidos quedáis.

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  • La segunda es Melancolía (Melancholia). Para mí, una obra maestra de Lars von Trier que te tiene más de dos horas en tensión y una música que se te mete en la cabeza y no sale. Si queréis escucharla pulsad aquí.

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  • Y por último, no por mejor ni peor, aunque se puede considerar un placer culpable (véanse anteriores post de este humilde autor) Contact, basada en un libro de Carl Sagan, que devoré en mi adolescencia y me tiene encandilado hasta el día de hoy.

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PD: intentad ir arregladitos no sea que a los trapistianos les dé por mirar…

Políticamente incorrecta

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La palabra Protocolo seguro que os suena. No la solemos utilizar en nuestro lenguaje y lo asociamos a cómo comportarnos  o relacionarnos en situaciones profesionales o actos diplomáticos. Yo la primera vez que la escuché fue en la carrera, puesto que era una de mis asignaturas y desde entonces sin darnos cuenta, vemos atisbo de ella en nuestra vida cotidiana.

También ocurre que con el paso de tiempo, estas normas cambian o las modificamos. A eso, yo lo llamo evolución, aunque creo que algunas veces vamos hacia atrás  en vez de hacia delante. Ya nadie se escandaliza cuando los hombres pasean sin camisetas por la calle cerca de las playas o cuando una madre da el pecho a su bebé en un parque, ¿o sí?

Tenemos normas no escritas y establecidas en nuestra sociedad que, cuando nos las saltamos nos chirrían los oídos o la vista. A Cualquiera de nosotros nos ha invitado a un evento, una boda y nos hemos preguntado cómo vestir, comportarnos o de qué temas se pueden hablar. Ante un acto social, un funeral o en la mesa todos sabemos guardar las formas y no es cuestión de ser protocolario llevando ropas caras o hablando con lenguaje refinado, sino de un protocolo natural que, exista pero que no se vea.

Creo en la importancia del protocolo en nuestra vida cotidiana, siempre que no excluya a nadie por una etiqueta. Hemos generado “enfermedades nuevas y modernas” por falta de protocolo, como la adicción a Internet o el acoso escolar. A la orden del día tenemos programas de televisión, charlas o congresos que nos advierten sobre estas faltas. Sin ir más lejos, esta semana se han emitido  dos programas que hablaba sobre cada uno de ellos. Por lado En “Salvados” presentado por Jordi Évole, expertos y psicólogos   explicaron la adicción al móvil y el propio presentador se sorprendió al preguntarse si también le sucede a él. Por otro lado “Proyecto Bullying” presentado por Jesús Vázquez presentó a niños que lo habían sufrido y sus consecuencias. Os dejo dos enlaces en los que podéis ver los programas si os apetece.

-) http://www.lasexta.com/programas/salvados/mejores-momentos/es-jordi-evole-un-adicto-al-movil-si-se-dejara-el-movil-en-casa-lo-pasaria-mal_2017021958a9ff000cf2f719cbfd34f7.html

-) http://www.cuatro.com/proyectobullying/

Incluso se le ha dado nombre a estos dos problemas. Al uso continuo de las redes  e Internet se le ha denominado Nomofobia, una enfermedad del siglo XXI, que quién la padece no lo sabe ni lo reconoce. Por otro lado está el Bullying, el acoso físico o psicológico al que se somete de forma continuada a un compañero. A mi parecer, y sin ser experta en nada, considero que ambas se crean por la ausencia del protocolo, es decir, no saber comportarnos.

No quiero dar lecciones a nadie, puede que esté equivocada, no quiero que me tomen como ejemplo o decir cómo educar, porque ya bastante nos dicen lo que tenemos que hacer. Pero quería reflexionar sobre esto y compartirlo con vosotros.

Intentemos vivir y sobrevivir como una civilización moderna con unas normas básicas, que siempre hemos tenido pero que parece que ahora no las utilizamos. Una sociedad avanza cuando es capaz de incluir nuevas normas que no destruyen las libertades individuales y en cuanto queramos hacer lo que nos de la gana perjudicando a los demás, invadiremos sus libertades.

Placeres culpables (Guilty pleasures)

Hay veces que nos ruborizamos sin necesidad. Basta reconocer algún aspecto inusual, divergente al del sentir general para que nosotros mismos nos pongamos una cruz o, peor aún, nos sonrojemos por conductas que están incluidas en nuestra propia naturaleza.
Otras veces nos dejamos llevar, y es cuando nos mostramos como nosotros mismos. Sabes que hacer esto o aquello no te beneficia en absoluto, pero en la lucha entre el angelito que tenemos sobre el hombro derecho y el diablillo que tenemos sobre el izquierdo, acaba ganando este último: es entonces cuando te metes para el cuerpo ese dúo de donuts foundant, te compras ese modelito que seguramente no te pondrás o te pones a perder el tiempo haciendo cosas absurdas mientras se te acumula la ropa para planchar.

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Con el cine pasa igual: sabes que tienes que ver determinadas películas que crítica, público y tus propios amigos te recomiendan no perderte. Pero en vez de eso, buscas en el sillón la forma de tu culo hecha con los años y empiezas a dar vueltas con el mando a distancia a la ingente y absurda cantidad de canales hasta que, de manera mágica, aparece ante ti un bodrio que te pone la sonrisa en la comisura de los labios. Y allí te quedas, viendo una cosa absurda que normalmente no tiene ni pies ni cabeza. Pero te mola. Lo de reconocerlo ya es otra cosa.

A mí me suele pasar con varias películas. Os dejo algunos ejemplos:

Bruce Willis, un ladrón de guante blanco, robando a ritmo de swing acompañado de Danny Aiello y Andie MacDowell. Hasta aquí todo bien. Pero cuando te dicen que la chica de la peli es monja y empiezas a ver el desvaríe todo se viene abajo. Pero es tan divertida…

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Una peli basada en el hundir la flota, con Taylor Kitsch, Rihanna y Liam Neeson. Un desastre a la altura de pocas películas. Pero es ponerle un tema de AC/DC y la cosa mejora ¿O no?

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Una verdadera marcianada sin pies ni cabeza, que casi arruina los estudios Disney. Doscientos cincuenta millones de dólares de presupuesto para contar un delirio de Edgar Rice Burroughs (escritor que ideó a Tarzán). Repite Taylor Kitsch, esta vez acompañado por Willem Dafoe, Samantha Morton, Mark Strong y Bryan Cranston (nuestro Walter White de Breaking Bad).

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Esta es un Guilty pleasure Premium. Casi tres horas de historias interconectadas en el tiempo, alguna de ellas inexplicables. Pero los/las Wachowski es lo que tienen. Te atrapan en sus mundos y no te dejan salir. Tom Hanks, Halle Berry, Jim Broadbent, Hugo Weaving, Jim Sturgess, Ben Whishaw, Susan Sarandon, Hugh Grant y unos cuantos actores más para una paranoia histórica.

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Estos son algunos de mis placeres culpables. ¿Cuáles son los vuestros?

La moda de reciclar

Llegó el tiempo de rebajas, chollos y descuentos. Hay estudios que estiman que cada español se gastará unos ciento veinte euros en rebajas y es que siempre picamos alguna cosilla pero, ¿dónde meter lo nuevo si tenemos los armarios llenos? Entonces surge la hora de meter en bolsas la ropa que ya no queremos, pasada de moda o aquella que no nos ponemos nunca y  suele coincidir con el cambio de temporada.

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¿Y dónde la dejamos? Hay muchas maneras de deshacernos de ella: dejarla en contendedores, darla a algún conocido que le haga falta o dejarla en tiendas de grandes marcas conocidas, las cuales desde hace un tiempo, se han concienciado y tienen proyectos para reciclar ropa usada.

Hoy os quería hablar de estas tres modalidades. Con Respecto a los contenedores de ropa, la gente está muy escarmentada, ya no echa alegremente la ropa porque han salido a la luz varias irregularidades. En Madrid concretamente, se cambió de empresa, puesto que no se sabía con claridad donde iban a parar la ropa usada y se sospechaba que se hacía negocio de ello. Ahora la empresa Humana tiene un convenio con el ayuntamiento y por cada contenedor instalado en la capital paga cincuenta euros. A pesar de ello existen mafias que ponen contenedores falsos y que se intentan camuflar como ONG. Si esto estuviera más controlado creo que sería la mejor forma de deshacernos de la ropa, pero al final siempre se abusa de la generosidad de la gente.

Una de las variantes que tenemos dentro de esta es, vender la ropa, tanto en una tienda como por Internet. Esta última modalidad ha generado miles de nuevas empresas online, algunas muy conocidas por anuncios en la televisión y sus músicas pegadizas  como El Armario de la tele o Chicfy  y otros por tener buenas referencias tanto en calidad como precios con respecto a los que compras o vendes como Percentil, Wallapop o Ropasion.

Por otro lado, si conocemos a alguien que le pueda venir bien, es otra buena manera. Esta acción parece estar mal vista, tanto por quien da como quien recibe. Se tiende a juzgar como un acto de caridad y lejos de esto, es una forma de saber en qué manos estará la ropa y que se hará un buen uso de ella. Yo misma he dado y he recibido ropa usada y encantada de hacer ambas.

Y por último y no menos importante, pero si menos conocido, dejar ropa a las grandes firmas donde precisamente luego compraremos. Una de los marcas más populares es H&M o Zara.

Si hablamos de H&M puedes dejar una bolsa de ropa en cualquiera de sus tiendas y ellos se encarga de clasificarla. Cómo nos explican en su web, parte de ella y según su estado se reciclará y  otra se enviará a otros países para venderla como ropa de segunda mano, eso sí, especifican que la empresa no se lucrará de ello. Además te dan un ticket de cinco euros de descuento para futuras compras superior a treinta euros.

Por parte Zara, el buque insignia de Amancio Ortega, ha firmado un acuerdo con Cáritas por el cuál, se han instalado contenedores cerca de algunas de las tiendas de Zara para que la gente deposite su ropa. Una vez clasificada Cáritas la distribuye en sus tiendas o bien la envía a países necesitados.

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Cualquiera de estas dos firmas llevan a cabo estos proyectos dentro de su política corporativa como acciones sociales. Toda gran empresa se ha dado cuenta que deben tener proyectos sociales, medioambientales y humanos puesto que forma parte de la sociedad. Cierto es, que ninguna de las dos ha transmitido sus planes, más que en su web, por parte de H&M y en notas de prensa, por parte de Zara. Puesto a pensar, siempre habrá alguien que especule que se hace negocio con ello y como es sabido Zara no hace publicidad porque siempre le ha funcionado muy bien el boca a boca.

Yo estoy dispuesta a renovar un poco mi armario y  haremos limpieza y ¿vosotros? ¿Por cuál opción os decantáis?

 

Decálogo para sobrevivir a las rebajas + look low cost

 

Escuchamos las palabras rebajas o saldos y nos invaden unas ganas locas por comprar cualquier cosa solo porque nos atrae su precio, y no precisamente porque sea una necesidad, así que lo más probable es que nos dejemos embaucar por ese chollo tan atractivo, pero que irremediablemente en la mayoría de los casos acabará en el fondo del armario con la etiqueta puesta (a mí me ha pasado). Para evitar este desastre os voy a dar unas pautas de cómo rentabilizar las compras en periodos de rebajas y que nuestro bolsillo no sufra las consecuencias de una euforia consumista desmedida.

  • En primer lugar debemos revisar nuestro armario para no comprar piezas parecidas a las que ya tenemos. Hay que hacer una lista de lo que realmente necesitamos.
  • Establecer un presupuesto y no excederse. Resístete a las tentaciones.
  • Programar el mejor día y hora para ir de compras. Es cierto que existen más probabilidades de encontrar lo que buscamos en los primeros días de rebajas, pero os recomiendo esperar un poco más, ya que los precios son más bajos. Acudir un día laborable y a primera hora de la mañana nos facilitará las compras, ya que los expositores estarán surtidos y ordenados y habrá menor afluencia de público.
  • Apostar por los básicos. Son imprescindibles en nuestro fondo de armario, al ser atemporales y no pasar de moda podemos aprovechar los descuentos para adquirir prendas de mayor calidad.
  • Pensar a largo plazo. Si tenemos algún evento especial programado (fiesta, boda) es un momento ideal para ahorrar en el precio de estos artículos. Buscar lo que se va a llevar las próximas temporadas y adaptar nuestras compras a futuras tendencias.
  • Comparar precios y revisar etiquetas. Para asegurarnos de que estamos realizando una buena compra debemos cerciorarnos de que en la etiqueta figura el precio original y el precio con descuento. Haz un circuito por las tiendas y compara precios. Cómpralas al final, cuando hayas seleccionado tus prendas favoritas  y donde obtengas mayor descuento.
  • Analizar cuidadosamente el estado de cada artículo. Este debe encontrarse en condiciones óptimas. Muchos establecimientos bajan los precios porque la prenda está defectuosa o con alguna tara. Si no quieres volver a la tienda a realizar un cambio, revísala bien.
  • Prueba siempre las prendas que pretendes comprar para asegurarte de que te sientan bien y te gustan como te quedan.
  • No compres nada si no estás 100% convencida. Adquiere solo lo que realmente te gusta y se adapta a tus necesidades.
  • Aprovecha las rebajas on line, es una buena manera de evitar aglomeraciones, colas interminables y ropa esparcida por todas partes.

Ahora que os he dado unas sugerencias para comprar en rebajas os enseño un look low cost con prendas a precios irresistibles. Nos vemos en el siguiente post.

Fotos: Sonia Rosado

Levita militar: Stradivarius 12,99 €

Camiseta: Zara 9,95 €

Falda: Bershka 7,95 €

Botas: Mary Paz 27, 95 €

Bolso: Guess (old)


Prescripciones literarias II

 

SÍNTOMAS:

-Aburrimiento.

-Depresión.

-Bloqueo literario.

PRESCRIPCIÓN: LA VERDAD SOBRE EL CASO HARRY QUEBERT, Jöel Dicker

CONTENIDO: misterio, intriga policíaca, amor, amistad, lealtad, consejos literarios.

 

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Quién mató a Nola Kellergan es un misterio que el lector, junto al periodista Marcus Goldman, deberá descubrir entre las páginas del libro, pero… no será tarea fácil, porque todos y cada uno de los personajes mienten u ocultan la verdad. Secretos, mentiras y traición con una sorprendente historia de amor de fondo, la de Harry y Nola.

¡Anímate a leerla! Una vez que empieces ya no podrás parar…

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Me gustaría enseñarle a escribir, Marcus, no para que sepa escribir, sino para convertirle en escritor. Porque escribir libros no es nada: todo el mundo sabe escribir, pero no todo el mundo es escritor.

―¿Y cómo sabe uno que es escritor, Harry?

―Nadie sabe que es escritor. Son los demás los que se lo dicen.

Anhele el amor, Marcus. Haga de él su más hermosa conquista, su única ambición. Después de los hombres, habrá otros hombres. Después de los libros, hay otros libros. Después de la gloria, hay otras glorias. Después del dinero, hay más dinero. Pero después del amor, Marcus, después del amor no queda más que la sal de las lágrimas.

El día de la desaparición

(Sábado 30 de agosto de 1975)

―Central de policía, ¿es una emergencia?

―Oiga? Me llamo Deborah Cooper, vivo en Side Creek Lane. Creo que acabo de ver a una joven perseguida por un hombre en el bosque.

―¿Qué ha pasado exactamente?

―¡No lo sé! Estaba en la ventana, mirando hacia afuera, y de pronto he visto a esa chica corriendo entre los árboles. Había un hombre tras ella… Creo que intentaba escapar de él.

―¿Dónde están ahora?

―Pues… ya no los veo. Se han metido en el bosque.

―Enviamos una patrulla de inmediato, señora.

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Propósitos de año nuevo: el gimnasio

 

Pues sí. Después de unos días acudiendo al gimnasio como propósito de año nuevo, he podido ser testigo de la gente que allí se reúne (entre los que me incluyo, que cada uno de nosotros tenemos lo nuestro, sin excepción). Y aunque me considero buen observador, aún no soy capaz de entender determinadas actitudes que deben ser ejercicios de un nivel muy superior al mío, donde va a parar. Porque hay gente que hace unas actividades la mar de extrañas, que seguramente tendrán sus beneficios sobre un grupo muscular que yo todavía desconozco que tengo.

El primer grupo de gente extraña son aquellos que utilizan la cinta de correr para ejercitar el cuello. Sí sí. No es que se aten con una cuerda la cinta al cuello y la intenten arrastrar. La actitud de este tipo de individu@s es situarse justamente en la cinta que está a tu lado, aunque estén todas las demás vacías. Llegan con su sonrisa, y tras buscar la complicidad en tu mirada, le echan un vistazo a la pantalla de tu cinta para ver a qué velocidad vas, e inmediatamente ponerse a la misma que tú, sin calentar ni nada. Y cada poco tiempo alargan el cuello todo lo que pueden para comprobar que no hayas cambiado nada de tu cuadro de mandos, desconfiados de que tu ritmo sea superior al suyo y se cumpla una infamia de imposible perdón. ¿Cómo va a ser posible que tu michelín se mueva a una velocidad mayor que un cuerpo fibroso?

Yo con este tipo de gente intento pasármelo bien un rato. En cuanto veo de qué van se me enciende la lucecita de maldad que todos llevamos dentro. Y poco a poco empiezo a subir el ritmo justo después de secarme el sudor y colocar la toalla, casualmente, encima de la pantallita de la cinta. Y le doy dos o tres toquecitos al botón de subir ritmo, y al mismo tiempo uno o dos al botón de bajarlo. Y empiezan a ponerse nerviosos la segunda vez que se lo haces. No paran de subir ritmo, y la mirada que te echan ya no es tan cómplice. Ya piensan en ti como el gilipollas que va al gimnasio a tocar los cojones. Y vas tú y vuelves a tocar los botoncitos haciéndoles el lío otra vez. Por física (y físico) es imposible que sigas ese supuesto ritmo mucho tiempo, pero ahí estás, como una rosa, mientras a ellos el cuello ya no se les estira tanto y se empiezan a concentrar en la carrera.

La tercera o cuarta vez que tocas los botones ya no hay respuesta, y al poco tiempo pulsan el botón rojo de parar. Entonces es cuando coges la toalla para volver a secarte el sudor y sorpresivamente, el ritmo que llevas no deja de ser un trote cochinero que al hasta hace unos segundos compañer@ de cinta deja estupefacto, haciendo que mire repetidamente la pantalla y a ti durante dos o tres veces sin terminar de saber muy bien qué es lo que ha pasado.

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Otro grupo de individuos que se pueden ver son a los que yo llamo “zombis de gimnasio”. Por si algún día entráis en un gimnasio y los queréis identificar, es fácil hacerlo: son tíos (de momento no he visto ninguna zombi-mujer) con camiseta holgadita de tirantes, que llevan los brazos ligeramente separados del cuerpo y que se pasean a cámara lenta (o a ritmo de zombi, mejor dicho, pero sin arrastrar los pies) alrededor de todo el gimnasio después de haber levantado pesas. Salen de aquella zona como pavoneándose, intentando transmitir allá por donde pasan un halo así como de “que macho soy que he levantado un montón de peso que ahora ni puedo juntar los brazos pero me da igual”. También es característico de este grupo de personas caminar con el pecho páfuera y apretando el culo. Este es uno de los motivos por lo que yo no me meto a hacer pesas, no sea que haga demasiada fuerza con el culo, pellizque entre las nalgas la toalla que coloco allá donde me siento y al hacer el ritual del paseíto vaya con un traje de cola. Quita quita.

Ya para terminar, porque tampoco es cuestión de analizar aquí a toda la fauna gimnaseril, y haciendo un ejercicio por la igualdad, me referiré ahora a un grupo de personas que acuden al gimnasio, pero esta vez del sexo femenino. Es un grupo del que ya algo me instruyó un amigo, pero que a lo largo de los días he podido comprobar que lo que me decía se quedaba muy lejos de la realidad. Me estoy refiriendo a esas mujeres que acuden al gimnasio pintadas como puertas, con tanto maquillaje que consiguen tapar los poros de su piel. Por eso no sudan, y van tan monas de la muerte a su clase de spinning, de la que tú sales totalmente deshidratado pero ellas, al no encontrar el sudor una salida, las va rodeando y al mismo tiempo las refrigera, que ya podría aprender el equipo de Fernando Alonso del sistema de refrigeración de estas señoras (porque para ser sincero ya todas van teniendo una edad). El caso es que las tipas estas no se ponen colorás como el resto de los mortales, porque el maquillaje las protege de los sofocones.

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Y poco más que contaros de momento, ya os iré poniendo al día sobre el resto de fauna que acudimos a los gimnasios.